“Lo que estamos viendo no es simplemente otro trazado del mapa cultural
- el movimiento de unas pocas fronteras en disputa, el dibujo de algunos pintorescos lagos de montaña- sino una alteración de los principios mismos del mapeado. La situación es fluida, plural descentrada. Las cuestiones no son ni tan estables ni tan consensuales, y no parece que vayan a serlo pronto. El problema más interesante no es cómo arreglar sino qué significa todo este fermento”
Clifford Geertz
La globalización puede ser tomada para dar cuenta de los grandes cambios que en los últimos tiempos han introducido transformaciones sustanciales en el ámbito de la economía, la política, la sociedad y la cultura en el plano nacional y a escala planetaria. Para otros, la globalización será tomada como proceso impersonal que no se asocia a ningún país o sistema en particular, que esquiva las relaciones de poder internacional; es un buen sustituto de la difunta expresión “nuevo orden mundial”. En otros la globalización se convierte en una excelente coartada que permite explicar el porque de las políticas de ajuste o simplemente es una justificación de que nada se puede hacer pues nos encontramos bajo el dominio de fuerzas y procesos que trascienden la voluntad y la capacidad de la acción política. Para estos la globalización es una nueva forma de imposición de occidente, con su cultura, tradiciones, forma de vida y consumo. Este no es un llamado ni a la resignación ni a la revolución, este es el primer paso para comprender que la globalización no se expresa sino a través de sus “funcializaciones”[1], entre las cuales encontramos como plataforma: el espacio geográfico.
“La globalización constituye el estadio supremo de la internacionalización, la amplificación en “sistema mundo” de todos los lugares y de todos los individuos, aunque a diferentes niveles. En este sentido con la unificación del planeta, la tierra se convierte en un solo y único “mundo”, asistimos a una refundación de la “totalidad –tierra” (Santos, 1996, Pág. 131) y en este proceso, la nueva geografía ha de reconocer la caracterización del espacio geográfico ahora globalizado. Si el espació es en sí desde la misma definición de Estabón hasta nuestros días, un conjunto dinámico y unitario donde se interrelacionan la acción humana, los objetos naturales y los fabricados en un todo que se resuelve desde la conformación social, económica, cultural y política; el espacio es pues el escenario donde se desarrollan todo este tipo de relaciones que entraña la historia y que determinan el cambio de perspectiva y enfoque del análisis geográfico al constituir su objeto de estudio.
El proceso de la globalización genera la mundialización del espacio geográfico, cuyas principales características, además de una tendencia a la formación de un medio técnico científico e informacional son: - principalmente-
+La transformación de los territorios nacionales en espacios nacionales de la economía internacional.
+La aceleración de todas las formas de circulación y su papel creciente en la regulación de las actividades localizadas con el reforzamiento de la división territorial y de la división del trabajo, y la dependencia de éste en relación a las formas espaciales y las normas sociales(jurídicas y otras) en todas las escalas.
+El papel de la organización y de los procesos de regulación en la constitución de las regiones.
+La tensión creciente entre localidad y globalidad a medida que avanza el proceso de globalización. (Santos, 1996 Pág. 133).
Nos encontramos pues con una nueva dimensión de la “producción de espacio” donde además de llegar a la cientifización y tecnificación, nos vemos envueltos en la “informacionalización” del espacio. Los medios de comunicación extienden sus dominios sin límite a partir de fenómenos como el Internet, ampliando la noción de espacio ahora a un ciberespacio o espacio virtual que claramente responden a intereses hegemónicos de la economía y la sociedad, lo que deja al descubierto la intencionalidad misma de la globalización. Claramente lo expone M. Santos desde su concepción de los “subespacios”:” Desde el punto de vista de la composición cuantitativa y cualitativa de los subespacios (aportaciones de la ciencia, la tecnología y la información), existirían áreas de densidad (zonas “luminosas”), áreas prácticamente vacías (zonas “opacas”) y una infinidad de situaciones intermedias; cada combinación es apta para soportar la diferentes modalidades de funcionamiento de las respectivas sociedades.”(1996, Pág. 135) Y esta distinción precisamente permite reconocer que la globalización en sí no puede determinar un espacio homogéneo sino más bien un espacio hegemónico donde priman las relaciones de poder económicas a escala mundial, donde la intervención de estos ejes dentro de los territorios nacionales, los conviertan en espacios nacionales de la economía internacional. A la par se producen espacios heterogéneos diversificados a partir del impacto de la modernización, todo para optimizar la producción obedeciendo a las necesidades del mercado. Ahora en la globalización del espacio, es más fácil el “saqueo” en las regiones productivas tercer mundistas, pues se demarca una adaptación permanente de las normas establecidas por los comandantes político-económicos de esta “nave global”, todo manejado por los hilos invisibles de la información a merced de las grandes potencias.
Esta es entonces la tensión que se maneja entre globalidad y localidad entre el mundo y el lugar (M. Santos, 1996 Pág. 138) el problema lo constituye las consecuencias perversas de la globalización; el tiempo y el espacio llevan en sus entrañas el recuerdo imborrable de los diferentes disfraces de los que se ha servido los mismos actores de poder: desde el capitalismo, pasando por el imperialismo, la versión salvaje del capitalismo y el neoliberalismo, son las mismas intenciones maquilladas según el momento. Ahora el imperialismo enseña su nueva arma: la información; esa revolución tecnológica le enseña un nuevo mapa que elimina las fronteras que antes les impedían actuar, ese es el mapa de la globalización.
Se esta edificando un nuevo mundo, me pregunto que lugar nos corresponderá en dicho constructo. La globalización puede no ser más que una producción estratégica que puede reconocerse desde el auge de la tecnología y las comunicaciones, quizá no constituye un problema político económico, a veces parecemos Quijotes luchando contra fantasmas. Los círculos intelectuales del tercer mundo se agotan con este problema y sin embargo después del 11 de septiembre solo queda el sabor de una guerra desigual, más característica de un “Neo colonialismo”trasnochado -que toma como victima a Afganistán- que de una guerra respaldada de forma global,
¿Donde quedo la opinión globalizada?: En los medios de comunicación. Ese puede ser todo el meollo de la globalización.
Puede que este problema de la globalización tomado por el enfoque crítico de la geografía en sus tendencias más recientes, constituya otra versión más de la crítica posmoderna -planteada aún dentro de un país como el nuestro donde nisiquiera hemos alcanzado la modernidad-. Pero en todo esto ¿que ha pasado con el espacio?; pues bien todo tiene un fondo histórico para explicar la gran hazaña: Al asumir la perspectiva del capitalismo como sistema mundo, el poscolonialismo se desmarca de la política liberal o de “izquierda”, evitando la crítica y promoviendo una homogeneidad superficial fundamental del capitalismo tardío. Y como la idea es hacer invisible al capitalismo, para reconocer el espacio global, con una dinámica aún incomprensible -pues todavía no desciframos a cabalidad hacia que apunta-, el escenario, el espacio elimina las resistencias que los actores sociales oponen al proceso simultaneo de homogeneización económica para producir un espacio resueltamente universalista pero completamente “vacío de la ley”, entonces ahora ¿que será lo justo?, ¿lo que determine la élite?, ¿la voluntad de la ciudadanía mundial?, ¿Pertenezco yo a la ciudadanía mundial?, que diríamos de las regiones culturales, ¿Ya no hay espacio para ellas? tenemos que acceder al multiculturalismo?, ¿Todo es cultura de occidente?, ¿Colombia pertenece al Occidente o solo somos el Sur?
Y así podríamos seguir indagando. El espacio ha sido remodelado y en el plano global las acciones “desterritorializadas” ya cuentan con unas nuevas normas de uso de los sistemas localizados de objetos; en cuanto al plano local, el territorio en sí mismo constituye una norma para el ejercicio de las acciones. A partir de estos dos órdenes, se constituyen paralelamente, una razón global y una razón local que en cada lugar se superponen y, en un proceso dialéctico, tanto se asocian como se contrarían. Es en ese sentido que el lugar está frente al mundo, pero también lo acomete, gracias a su propio orden. (1996, Pág. 152).
La geografía, que ya tantas veces se ha visto desigualitaria, y más aún, al servicio de la misma dominación, tiene que reformularse urgentemente para producir de verdad lo que en teoría dice ser: Una ciencia del hombre.
Dice Milton Santos en sus conclusiones sobre la Nueva Geografía:”Cuando la naturaleza se convierte en naturaleza social, le toca a la geografía estudiar y exponer cómo el uso consciente del espacio puede ser un vehículo para la restauración del hombre en su dignidad” (1990 Pág. 234).
No queda más que perseguir esta intención hasta avanzar en su realización, es precisamente donde el trabajo colectivo se hace necesario. Desde la función misma del maestro, hasta el análisis exhaustivo contemplado desde la interdisciplinariedad de las ciencias sociales, será posible.
Me pregunto si es así como cambia en realidad el mundo, no como un planeta navegando por los cielos, sino como una unión de los pensamientos en el espacio[2]
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